como un cuñado a una cena de nochebuena
así me siento ahora mismo. no sé ni cómo empezar, pero tengo ante mí el mayor campo de minas del mundo (ríete ahora, vladimir putin).
el caso es que sé qué voy a acabar haciendo, pero estoy estirando la intro para luego rebanar mi pescuezo con una hoja de afeitar completamente oxidada. joder, ¿os acordáis cómo hice la referencia en anteriores entradas sobre decir cáncer o larga enfermedad? pues acabo de hacerlo. hablo de suicidio personal en término metafórico. ¿es o no es una manera cojonuda de tirarme en bomba en todo el charcazo? y sin posibilidad de remontar.
así que al lío. ¿empezamos?
qué pena, se acabaron las entradas en las que pretendía arreglar el mundo, ah, qué tristeza más grande. con lo bien que me sientan las aspiraciones a capitán general de castillos en el aire. ¿no sería mejor decir capitán de barcos fantasma, como tú? ya tenemos al tocapelotas de turno en forma de pepito grillo que tiene que dárselas de antagonista superlativo.
bien, pues continuemos con el rastro dejado en la entrada anterior. si no recuerdo mal quedamos en que la culpa de tanta cantidad de suicidios eran los centros educativos, por supuesto. ya que, en un ejercicio de silogismo sin igual, llegué a la lógica conclusión de que, si todas las personas que perecieron por suicidio habían pasado por un colegio y/o por un instituto, debía de ser este, sin lugar a dudas, el causante original del cierre absoluto de sus vidas.
algo habrá, y no digo que no, pero, ¿abrimos un poco el foco para luego meternos de lleno en la mierda?
pincha para entrar en el artículo de the objective.
me parece que hoy va la cosa de corta, pega y colorea.
pues nada, ¡a por el collage!
según dicen en esa web con nombre inglés (válgame god), el problema está en la falta de personal cualificado. lo que viene siendo un no hay tanto pan para tanto chorizo en versión salud mental. pero claro, parece que pasa lo mismo que con nombrar el innombrable sustantivo
suicidio.
parece que al hacerlo tres veces doce docenas de brujas vienen en sus escobas bluetooth a maldecirte a través de una app de encantos y hechizos.
¿que por qué digo esto? pues porque por lo visto admitir la necesidad de psicólogos, psicólogas y psiquiatras tiene un significado peyorativo, o de vergüenza, o de una debilidad a la altura de, yo qué sé, ser gay, o peor, maricón.

pincha aquí para ir al artículo del diario el mundo.
pues allá voy. toca sincerarme. hola, me llamo oliver y durante un año y medio tuve la necesidad de acudir a un psicólogo.
–ah, pues yo también.
–y yo también fui.
–y yo estoy yendo. me va de puta madre.
–la mejor decisión que tomé.
–me ayudó mucho.
estos son comentarios que he ido escuchando cuando he llegado a comentar que asistí a terapia durante un periodo de tiempo. eh, y como ya sabemos,
no pasa nada.
entonces, ¿por qué sí pasa? ¿por qué estamos de acuerdo en que el tabaco puede ser uno de los mayores desencadenantes del cáncer de pulmón, pero no somos capaces de admitir la falta de profesionales de la salud mental en el sistema de sanidad pública?
espera, espera… ¿solo hacen falta en el sistema de salud pública?
pincha aquí para ver el artículo del diario el periódico.
hace 3 semanas que hermano y hermana se arrojaron al vacío en un pueblo de barcelona y, vaya, qué sorpresa, después de tanta espuma al final el cava era de garrafón. vamos, que sus sesos esparcidos en la acera ya se han perdido en el tiempo como lágrimas en la lluvia, que diría roy batty.
ya no importan. ya no hay suicidios. de adultos ninguno, así que infantiles menos todavía.
pincha aquí para ir al artículo de el comercio.
oh, my, car, por lo visto en lugar de disminuir, los suicidios aumentan. y, por supuesto, los niños, como son así de envidiosos, hacen lo que ven de sus mayores, y si un pavo se tira por un pozo, ellos van detrás, que menudos son los nenes.
pero bueno, como debo encauzar la (enésima) chapa que estoy soltando, y una vez planteado que falta personal sanitario especializado en salud mental… ah, espera, ¿que no lo he planteado? ahora mismo lo hago. dentro titular:
pincha aquí para ir al artículo de isanidad.
ahora a centrarme en la muchachada, que, después de tanto coñazo advierto que voy a ser bastante escueto, ¿que no me creéis? hacéis bien. a ver, el gato es mío y me lo follo cuando quiero, que para dos que han empezado a leer esto tres se han dormido una vez llegados a la tercera línea de esta entrada.
pero empecemos ya, que cuando antes lo haga antes vuelvo a mi vida contemplativa y de reclusión espiritual.
bueno, pues allá vamos.
resulta que el pasado sábado tenía algo de interés en ver un programa de televisión que iba a hablar del suicidio, era en la sexta y era por la noche. pero por lo visto la emisión iba a ser muy de noche, porque tocaba propaganda electoral y tocaba hablar de lo molona que es la reforma de las pensiones. así que antes de irme a dormir eché un vistazo en la hora muy nocturna, y vi que no iba conmigo. y mejor.
en dicho programa, la sexta xplica, llevan a un grupo de expertos (término tan sobado que ahora les llaman explicadores), y comentan cualquier tema de actualidad con público relacionado y seleccionado ad hoc. de puta madre. porque anoche no vi a ningún docente (ojo, no voy a ver la repetición, y lo mismo resulta que al inicio comentaron que, o bien no pudo ir ningún docente, o bien dieron cuenta de por qué no llamaban a ningún miembro de la comunidad educativa. o sí lo había, pero no lo vi. pero claro, esto va de cuñadismo, y como este bukkake alfabético se gestó a raíz de ver a mi cuñado en pantalla, chicos, os la debía).

pincha aquí para ir al artículo del diario abc..
y bueno, entre los expertos en el programa antes mencionado, ganaban por goleada los profesionales en salud mental. o lo que es lo mismo, cada día del 2021 murieron 11 personas suicidadas, y la gente preparada para afrontar la situación está en el paro porque por lo visto no hacen falta.
y aquí llegamos al problema que más me toca: suicidio infantil.

pincha en el enlace para ir al interesantísimo estudio sobre conducta suicida y salud mental en la infancia y la adolescencia en españa (2012–2022).
pero antes voy a salirme un poco para luego poder entrar.
¿sois padres o madres? ¿y fuisteis a una escuela para serlo? joder, que putos fracasados. no es por nada, pero veo una opción clara de negocio. ahí lo dejo.
bien, pues el caso es que hemos aprendido de nuestros padres y madres a serlo, o por lo menos nos hemos empapado de su sabiduría, su cultura y sus conocimientos, para luego, quien así lo decida, poder aplicarlo de la forma que mejor sabe o quiere. qué bonito, ¿verdad? sobre todo porque has crecido en el seno de una familia dentro de la norma, pero hay más tipos de familias, y hay más tipos de madres y padres. pero al final, cada uno aprendemos con el oficio de la puta vida (alguien diría yo soy yo y mis circunstancias, pero para qué citar a enajenados).
así que excepto las nuevas hornadas de profesorado, que han pasado por la vicaría de un máster y han estudiado (y pagado, copón, pero ese melón lo abriré en próximas entradas) cómo ser profesor, el resto de mortales docentes tan solo somos licenciados o ingenieros, con un cursito de aptitud pedagógica de tres meses bajo el brazo y con el oficio aprendido a base de encerrarte en una jaula de tiburones llamados adolescentes 20 horas a la semana (otro día hablo del material sensible con el que trabajamos, y de nuestra enorme responsabilidad. y en esto no hay ironías).
en mi primera clase, una compañera de departamento me acompañó al aula de 1º de la eso, me presentó al grupo, se despidió, cerró la puerta con llave para que no pudiera escapar y allí me soltó. era como en esas pelis de la 2ª guerra mundial (me viene ahora la serie hermanos de sangre) donde soy paraca del ejército aliado y sobrevuelo normandía justo antes del día d. y me quedo bloqueado ante las explosiones de las baterías antiaéreas nazis reventando aviones de nuestro ejército a diestro y siniestro, hasta que el capitán me empuja al vacío armado con un tenedor de plástico. ya te harás un hombre, muchacho, a base de sangre, sudor y lágrimas.
como he dicho en anteriores entradas, considero este oficio de lo más gratificante que conozco, pero también hay momentos de mucha ingratitud. y los adolescentes son el centro de nuestro trabajo y nuestra responsabilidad. y te lo dan todo, y están en una edad muy turbulenta. y no siempre llegamos. y no siempre sabemos hacerlo.
voy a hablar en términos generales para luego, como buen ególatra que se precie, pase a hablar de mí, o de mi libro, citando a uno de los grandes.
a ver. en un centro educativo hay un equipo directivo, formado por dirección, jefatura de estudios y secretaría. los miembros del equipo directivo, como no podía ser de otro modo, son docentes. además, hay un departamento de orientación, donde un pedagogo o pedagoga se dedica a, ojocuidao que no me lo esperaba, orientar educativamente a la muchachada, entre otras muchas tareas.
después está el departamento de administración, ordenanzas (lo que antes se conocía como conserjes) y después nosotros. docentes y molientes (¿veis? tenía que hablar de mi libro).
¿habéis leído la palabra psicología en algún momento? yo no, pero esperad, que voy a repasar mis tontás.
repasado.
ni un puto profesional de la salud mental entre nuestras filas.

y si habéis leído bien en enlaces anteriores, el acoso escolar o sus problemas derivados es la causa mayoritaria de los problemas de salud mental infantil. ah, ¿que no lo habéis leído?

pincha aquí para ir al artículo de ser padres.
de puta madre.
pero es que nosotros, como parte del ecosistema escolar, tenemos que afrontar el problema del acoso sin saber qué es acoso. porque claro, los docentes que nos hemos hecho a nosotros mismos, los del cursito de mierda, sin base pedagógica de la que tirar para cimentar nuestra labor docente, nos criamos en un mundo en el que no había acoso. porque eran cosas de chavales.
y ahora vamos al lío.
en el siglo pasado, cuando el velcro era el tejido con el que se fabricaban los sueños, subía de la plaza, entraba en el servicio y me miraba en el espejo. me repetía una y otra vez, joder, pues no me veo tan feo. yo creo que no lo soy.
me llamaban fuli, porque un gordopiesplanoscabezón que no sabía jugar al fútbol y corría menos que los caracoles (por cierto, ¿habéis oído el chiste de va un caracol y derrapa? a mí me decían va fuli y derrapa) siempre estaba “fuliminado”. entonces, cuando las chicas no jugaban a fútbol, a mí me elegían después de a la chica. me tenía que bajar los juguetes a la susodicha plaza para que jugaran conmigo. y el plantón era deporte olímpico.
no dramaticemos, que los años pasaron, y aprendí a sobrevivir, y, sobre todo, descubrí la solución: reírme, de mí y del resto. pero esto, de nuevo, es otro melón pendiente de abrir (joder, a este paso menudo huerto voy a montar). a día de hoy, y para quitar hierro al asunto, diré que fuli derivó en fuly, y que solo mis amigos de toda la vida (los conocí en 1º de egb y hasta ahora) me llaman por mi apodo. eh, y me mola un huevo y parte del otro. (gran parte de culpa de que los años pasaran y de que todo aquello quede en poso y enseñanza es de ellos).
momento para la dedicatoria ñoña del día.
pues eso, que quería dar un paso adelante y contarlo, para que seamos conscientes de que por decirlo y admitirlo
no pasa nada.
y que, al relatarlo de forma natural tampoco, insisto, pasa nada.
eso sí. no sé qué es bullying. y lo digo completamente en serio.
¿que por qué me pongo cansino? pues porque cada persona que formamos el claustro docente tenemos una historia de vida, y cada uno de nosotros tendremos un concepto de lo que es el acoso. pero no tenemos ningún criterio general del qué. ni debemos. porque para eso ya está el personal sanitario adecuado. a ver si ahora voy a decirle a mi primo, que es médico, que voy a entrar en su consulta y me voy a liar a recetar como si no hubiera un mañana porque estoy viendo la serie de house (es que en su día no la vi), y eso me convierte en el mayor experto cuñado de la historia del vademécum. o dicho de otro modo, ¿de verdad creéis que un administrativo de una empresa de reciclaje de bigudíes va a ir a un colegio o instituto cualquiera a decirnos cómo impartir docencia porque se ha visto completas “compañeros”, “al salir de clase” y, por supuesto, “física o química”? eso nunca ha pasado.
pero el acoso escolar se sigue dando, y cada centro tiene un protocolo preparado para esa lacra. y os juro que porque he leído la estadística del artículo que he colgado antes, que si no no me la creía. imposible. en mi experiencia no he visto tanto acoso, o, siendo más rigurosos, no he sido consciente de ello, por un lado, y luego, y aquí viene el siguiente punto de mi tesis, no nos han comunicado nada.
porque somos la policía del centro. y ya se sabe, mucha policía poca diversión (aunque sigo diciendo que somos pocos docentes, pero ese es otro melón a futuros).
pues por si todo esto fuera poco, se viene una historieta. otra más del cansino cansinismo.
en un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo, concretamente en el primer trimestre, antes de navidad, que nos dijeron que habría una partida presupuestaria de la administración, no sé si central o regional, dedicada a contratar una empresa que iba a formar a dos alumnos por curso de 3º y de 4º de la eso para que pasaran por las clases y dieran charlas de ciberacoso, y, ya de paso, para que se dieran a conocer a sus compañeros y compañeras más jóvenes, para que así cualquier alumno o alumna tuviera un referente a la hora de que consultar o incluso denunciar cualquier acción relacionada con el tema.
joder qué idea, ¿verdad? cojonuda es decir poco. porque además significaría que por fin se pone énfasis y atención en el centro del problema, y hacía partícipe de la solución al objetivo de dicho problema. porque, y aquí llega otra frase coñazo, es decir, sin ironías, nadie me ha comunicado nunca que sufre acoso, ni como profesor, ni mucho menos como tutor, pero seguro que entre iguales es más factible la denuncia.
peeeero…
¿habéis visto por ahí la formación a los chavales?
porque yo tampoco.
de repente cancelaron el programa y a tomar por culo.
voy a ponerme el traje de cuñadismo del to, y me voy a imaginar a quien toma la decisión última (obviaré nombres porque no han cedido sus derechos de imagen).
–lo vamos a petar con el programa de ciberacoso.
–es cierto, su santidad. como todas las decisiones que toma. uy, llaman por teléfono. ¿sí? ¡no me jodas! ahora mismo se lo comento a su santidad.
–te tengo dicho que me llames susan, que hay confianza.
–ay, gracias, su santid… digo, susan. acaban de llamar del autobús de discapacitados que iba a venir al mitin de la semana que viene en la plaza de toros, que no van a poder asistir porque se les ha estropeado la junta de la culata.
–¡pero qué me estás contando! un mitin sin foto con discapacitados no es mitin ni es nada. anula lo del acoso. total, si toda la vida hemos jugado en la calle y no ha pasado nunca nada. hoy en día, con tanta pleiesteison y tanto netflis lo tienen todo hecho. ¡que salgan un poco más y aprendan a vivir, copón!
no está mal mi índice de cuñadismo, ¿verdad?
y así con todo (me refiero a la ley no escrita que dice que a mayor opacidad, mayor es el empoderamiento del cuñadismo).
el caso es que, en primer lugar, os prometí que sería corto, y lo ha sido. o no, pero si habéis llegado hasta aquí os jodéis porque además no va a haber un broche de oro y un vale descuento para tuercas de 8 mm en carreful.
y en segundo lugar. necesitamos hablar de salud mental mucho más, no solo como segundo plato en un programa que a esas horas tendría menos audiencia que una carrera entre fuli y un caracol.
asumamos todos nuestro papel en la rueda, y reivindiquemos más médicos, más salud pública, y sobre todo mejor salud mental.
no sigamos tanto su linde, que ya sabemos a dónde nos lleva.



