alfa y omega
joder, joder, joder, ya empiezo porque si no no sé si lo voy a acabar haciendo. esta pregunta parece a priori baladí, pero lleva encerrada mucha más mierda de lo que cabría esperar: ¿cómo puedo abarcar lo inabarcable? pero mejor aún: ¿qué considero inabarcable para no poder abarcarlo?
hostiaputa, dos preguntas, esto empieza a salirse del tiesto y apenas me he sacado la chorra. joder, joder, joder, mear debería ser considerado casi casi deporte de riesgo (si no se me olvida por el camino, dejaré el símil de la orina para más adelante).
oli, céntrate, copón. voy a tirar por las dos preguntas: qué y cómo. cojonudo. ya tengo algo. pero vamos a situarnos:
en episodios anteriores de docente y moliente traté de exponer que eso de la ciencia no es más que un objeto, que, como un manojo de billetes de 500 €, nos puede resultar tan familiar a la hora de comentar pero tan desconocido a la hora de hablar de él con cierto conocimiento de causa. ¿os habéis preguntado alguna vez qué haríais si os tocara la lotería? pues lo mismo.
así que en estas nos encontramos, y el caso es que ahora tengo que definir el qué, y luego el cómo, o dicho de otro modo: lo inabarcable y cómo voy a tratar de abarcarlo. massa complicat. voy a tratar de acotar bien las premisas para al final hablar solo de lo que me pasa por las pelotas, que es de lo que se trata.
la ciencia.
así voy a acabar. imagen
de todas las definiciones y blablás que citan otros navegantes de este universo booleano, la que más me ha gustado es la locución “producto cultural«. completamente de acuerdo. la ciencia es un producto cultural más. hemos construido nuestra civilización alrededor de la ciencia, y que en nuestro caso, su origen radica en la grecia clásica. imaginaos, un grupo de gente ataviados con sábanas blancas y mucho tiempo libre, ¿funcionarios? no, pero casi. filósofos (los funcionarios de la época, por supuesto).
pues estos pavos estaban con el mundo que observan alrededor de ellos como un niño de un año cuando está aprendiendo a hablar: todo son qués: ¿y esto qué es? ¿y esto? ¿y eso? ¿qué? ¿qué? ¿qué? por lo que cada vez que leo a algún científico denostar a un filósofo, debería entender que ese filósofo podría decirle a dicho científico eso de “yo soy tu padre” (he visto a catedráticos atacar a filósofos en llamas más allá de orión).
el caso es que en la grecia clásica digamos que el qué le permitió a la filosofía indagar sobre el mundo y su relación con el ser humano. sentaron las bases, los qués, y las herramientas para trabajar en lo que estaba por venir. pero claro, los pueblos crecían y con ellos las supersticiones, las supersticiones llevan consigo el miedo y con el miedo tenemos una excelente herramienta de control. qué mejor manera de poder dominar a la masa que negando toda explicación racional y llevando al paroxismo el poder de un ser ominipotente.
qué coñazo que estoy soltando. todo para decir que la naturaleza humana nos llevó por lugares nunca antes transitados, tanto físicos como mentales. la sociedad necesitaba ser controlada para poder ser dirigida, y no hay mejor manera que la de indicar al pueblo que el embajador de un dios en la tierra, cualquier dios, no vamos ahora a ponernos tiquismiquis, era ese personaje llamado rey, emperador, o lo que sea (emperatrices y reinas en contadas ocasiones, pero también las hubo, y también con su título de diplomática obtenido, como el resto, en la prestigiosa universidad rey juan carlos).
¿es todo esto necesario? pues no lo sé.
pero me apetece, así que os jodéis. si queréis seguir allá vosotros. y luego no digáis que no os he avisado.
el caso es que la propia sociedad decidió ser controlada, hasta llegar a su propio pico de la curva: ¿quién en su sano juicio no querría formar parte de un impero por donde no se pone el sol? y claro, o quieres estar sometido a un emperador hijo de un dios tan de puta madre que es capaz de crear todo lo visible y lo invisible, o bien quieres saber que la sangre circula dentro de nuestro cuerpo. ¿no os entran ganas de quemar a todo gilipollas que sea capaz de decir tamaña gilipollez?
menos mal que esto no podría pasar a día de hoy.
al final, como todo proceso en la vida, por mucho que intentes contener y/o comprimir cinco mil vacas en apenas quince metros cuadrados, la mierda rebosa, revienta, y el poder acaba cambiando de manos como quien no quiere la cosa. y va y resulta que la pasta/dinero/oro acaba brillando más que los ojos del otrora dios de puta madre, y la gente de las ciudades, llamadas burgos, buscaría cómo tener más y más pasta, y ser más y más burguesa, y querría tener más poder, hasta hacer sombra con el brillo de su materia a la mirada del ya rancio dios de puta madre.
¿he dicho cómo? ¡exacto! he dicho cómo.
el poder estaba en el ser y no en el dios. la monarquía absoluta reventaba absolutamente. cómo me gustaría que este cuento fuera así, pero no. al reventar la monarquía, el poder siguió ahí, al alcance de unos pocos, como siempre ha sido y como siempre será. lo único que cambió es el medio de acceso al mismo. palabra de ateo, amén.
el caso es que, como comentaba antes, cambió el acceso al poder, y también al conocimiento. del teocentrismo pasamos al antropocentrismo, aprendimos a mirarnos al ombligo sin tener remordimientos (fijaos que hoy en día entre bucay y coelho te venden millones y millones de libros porque de tanto mirarnos el ombligo lo hemos sobrevalorado y al final volvemos a tener remordimientos al respecto, pero esa es otra historia).
¡basta ya! me había propuesto relacionar el texto de hoy con algún ejercicio de secundaria sobre ciencia y demás estupideces, pero resulta que no he contado nada. estoy en los albores de eso que nos ha dado por llamar método científico, y de cómo ha cambiado nuestras vidas para siempre, y resulta que para poder llegar a eso he tenido que juntar más letras que toda la discografía de joaquín sabina, tócate los cojones y baila.
toda esta farfolla para hablar del método y de lo que significa. aunque para método bueno el que descubrí de forma empírica para ahorrarme limpiar día sí día también el inodoro de mi casa: mear sentado. soy más feliz desde que he mejorado mi calidad de vida de manera ostensible.
en fin, que en la próxima entrada, seguro, casi seguro, bueno, a lo mejor, os hablo del método científico, de la deducción y la inducción, y demás blablás. pero si queréis que os sea sincero, tanta ironía y sarcasmo con la religión y el dios de puta madre, que si nos fijamos bien, el primer matemático se llamaba así, dios, y la primera ingeniera nació de una costilla.
a ver, no fui yo quien llamó al manzano árbol de la ciencia del bien y del mal, y no fue boole el primer matemático que desarrolló las puertas lógicas, el sí y el no, el uno y el cero. y claro, ¿conocéis el nombre de la primera persona que aprovechó dicho conocimiento matemático y lo convirtió en una herramienta terrenal? exacto.
eva, muchas gracias por todo.


