cosejas

de manzanas y huevos

imaginaos, me levanto una mañana cualquiera, hago lo que cada mañana, es decir, desayunar, ducharme, mear y/o cagar, todo o nada, y no necesariamente en este orden (estoy obviando algún que otro episodio sexual o de autoconocimiento ya que, como diría el maestro krahe, no todo va a ser follar. aunque dejaremos este tema para otro instante, otro lugar, otro universo). el caso es que mientras realizo mis rutinas matinales me planteo un esquema mental de cuáles van a ser mis intenciones a lo largo de la jornada (supongamos laboral, aunque ahora mismo eso es mucho suponer para el conjunto de la población). bien, pues dependiendo en qué momento de nuestra historia social, para elaborar dicho esquema mental podíamos apelar a eso de que sea lo que dios quiera o bien a lo primero es lo primero y detrás del uno el dos (más tarde llegaría eso de te doy la mano y me exprimes el brazo, pero este no es el lugar y que cada uno elija su momento para levantar el puño e hincar rodilla, tenga el color de la piel que tenga siendo igual el tono de su sangre: negra; que como diría aída, ya no tengo el chichi para farolillos. es vuestro momento, que el mío ya pasó).

retomando el tema de los números, es precisamente ahí a donde quiero llegar: al orden, al método. nos cansamos en su día de eso de que todo surgiera por generación espontánea, de que nuestro incansable afán por la pregunta evolucionara pero no así la respuesta. como os comenté en episodios anteriores, los griegos empezaron con eso de los qués, e intentaron llegar a la siguiente pregunta que por motivos sociales no sucedió hasta bien entrada una edad social posterior, o como diría aquél, y sin embargo se mueve. la pregunta que empezó a surgir fue el cómo, porque ya no valía eso de porque sí (de hecho, qué casualidad, el cambio generacional en lo que ahora llamamos juventud, como si nunca hubiéramos pasado por ahí, va por el mismo camino, ahora los chavales nos preguntan más y nos empeñamos en callarlos, infantilizándolos, sobreprotegiéndolos, o peor, etiquetándolos con supuestos síndromes de trastornos de déficit de atención, que no digo yo que no exista este trastorno, pero tantos me cuesta creerlo. hostia, ya se me está yendo. y esto último es un tema muy interesante que dejaré para más adelante).

el caso es que como sociedad, nos cansamos de dar crédito a castillos en el aire, cielos celestiales y bulas papales, y con todo esto resurgieron viejos hábitos aplicados sobre nuevas premisas. la lógica aristotélica, herramienta fundamental en el desarrollo del pensamiento occidental, aplicada sobre premisas diferentes de las omnipresentes hasta ese momento.

esto se me está yendo de las manos, pero es lo que hay, quiero finalizar como toca: cuanto más alto suba mayor será la hostia al caer. además, como llega el verano también lo hace mi descanso como buen funcionario docente, y siempre podréis quedaros con esta imagen: la pretensión en grado sumo. no uso instagram, pero a postureo no me gana ni una calle de balcones repletos de influencers aplaudiendo a ritmo del resistiré.

en fin, que todavía no he empezado y ya llevo un antiguo testamento.

que de todos los caminos conducen al señor pasamos a lo que tenía que pasar, y qué mejor manera de contarlo que mediante una hermosa parábola: la duda científica.

empezamos a preguntarnos si había alguien más. la esperanza ya no estaba exclusivamente secuestrada por una cuestión de fe. y claro, tantos años de represión, descorchamos botellas de causa y efecto en forma de racionalismo cartesiano. pienso, luego existo. sobre esta base surgió una necesidad de categorizar hasta el último lugar donde guardo la mierda para disimularme a mí mismo y mirarme al espejo de mi personal hipocresía con aire de suficiente normalidad y creerme así un buen conciudadano.

había cambiado el punto de apoyo, habíamos pasado a ser robots llevados única y exclusivamente por la razón. y como tales, teníamos que tener un procedimiento para comprender el mundo, un método. y surgió el método inductivo, el de si no lo veo no lo creo y el de cuanto más azúcar más dulce.

este método, lo que venía a decir es, imaginad, que estoy solo en el mundo, y me mido la cabeza, y al ser considerablemente desproporcionada al resto de mi cuerpo (esto es verídico), podía afirmar lo siguiente:

oliver es cabezón.

oliver es hombre.

todos los hombres son cabezones.

y cuantos más sujetos fuera analizando, podía llegar a conclusiones más precisas.

¿a día de hoy? pues sabemos que un tal newton utilizó este método para llegar a su ley de gravitación universal, con manzanas como recurso publicitario. quién lo iba a decir, el bueno de isaac se inventó una historia a partir de la fruta del árbol del bien y del mal para ser más influencer y conseguir así cambiar el paradigma de la concepción del universo, logrando que diéramos un paso más como sociedad.

ya ves, en el siglo xvii hubo un fenómeno fan muymuy fuerte con este tipo de metodología (de hecho, no solo newton, sino grandes filósofos y científicos de la época tenían las carpetas forradas con la foto de descartes. la inducción era lo más).

pero al mismo tiempo que nuestra razón se desbocaba en pos de un método para todo, también, y esto es importante, se acabó cuestionando todo esto, es decir, el empirismo, el racionalismo exacerbado.

espera, espera, para qué voy a seguir con mierdas que ni conozco en profundidad. quizá de aquí saque algo bueno, además de un cuñadismo ilustrado del cual me siento orgullosísimo. quizá me ponga deberes a un futuro sin fecha concreta. eso sí, más allá de las opos del año que viene, pero esa también es otra historia.

imagen del sentido común vía eldiario.es

cuántos frentes abiertos y qué pocas conclusiones. al final voy a tener que cerrar esta entrada por simple incompetencia.

en fin, que echamos la vista hacia grecia, nos sacamos el método inductivo, pero como la matemática siguió evolucionando, y con ella las herramientas de predicción, volvimos hacia el silogismo aristotélico, y con él el método deductivo, que es en gran medida el conocido hoy en día como método científico.

por fin he llegado a donde quería llegar hace ya un par de entradas, al método científico. al a dónde vamos tras un de dónde venimos. y con esto solo me queda decir una frase más:

concluirá en la próxima entrada.

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