diario de un bohemio sin fe
joder, cuánto tiempo hacía que no me pasaba por aquí. pero claro, todo tiene su por qué, y, cómo no, es una manera como cualquier otra de estirar el chicle y llenar todo esto de farfolla de esa que abulta mucho pero de sustancia, ni mucha ni poca, más bien ninguna.
[nota: ahora viene lo que en las series norteamericanas suelen hacer tras el parón de acción de gracias (dejan de emitir la serie de turno desde noviembre hasta aproximadamente febrero), es decir, para reconectar a la audiencia meten con calzador un episodio de mierda donde se inventan un interrogatorio o algo parecido donde te hacen un resumen de lo que llevan de temporada en un episodio por el que cobran todos y tú te quedas igual, o al menos yo, ya que al no vivir en los yunaited esteits (zank god) veo los episodios en barrena, y el recopilatorio de greitest jits me la suda muy bastante].
así que aquí me hallo, en un episodio recopilatorio, donde, la verdad no va a servir para mucho, porque no sé yo cuándo voy a volver. voy a explicarme y lo mismo hasta me hago entender.
y ahora es cuando en una sitcom cualquiera (cómo he llegado a aborrecer a toda sitcom que se precie. no puedo con ellas, ni con las putas risas enlatadas. ¿pero por qué me tienen que decir cuándo tengo que reírme?) miro hacia arriba, se escucha el rasgar de un arpa y comienza una secuencia en flashback con tonos ocre.
recuerdo cuando, en pleno confinamiento, echaba mis cábalas sobre cuánto tardaríamos, oh nosotros pueblo llano, en arrancar la cabeza del personal sanitario, una vez nos hubieran soltado a nuestro rollo y nos dejaran ir a los bares a quejarnos de la mierda los médicos lo mal que nos tratan. con la de aplausos emocionados que les dimos. me daba por pensar, además, que quien más se dejara las palmas en carne viva sería quien encabezaría la más que lógica, por supuesto, masa enfurecida para el linchamiento de el o la sanitaria de turno.
pues en esas estaba cuando de repente, sin comerlo ni beberlo (esto es una frase hecha, porque anda que no me puse bonico en aquellos días. os paso un selfie:
pues eso, que con lo entretenido que estaba entre cerveza y cábala y torrezno, veo en la tele cómo se nos alaba a los docentes por la inestimable labor que estábamos realizando durante aquellos días aciagos.
¿pero eso qué era? ¿nos están apuntando con un foco? ¿están poco locos? o eso o era la primera vez que el sector de la comunicación estaba tanto tiempo junto a sus retoños que llegaron a ser conscientes de algo más allá de sus pantallas táctiles. vayaustéasaber.
de todos modos ahí lo vi claro, seríamos los siguientes. tras la salud pública vendría la enseñanza pública. no quería ser quemado en la hoguera, o peor, lanzado a un río enredado en cadenas y balones de acero para ver si floto.
además, como habéis podido observar en una imagen anterior, en esos días estaba para que me estudiaran en el oceanogràfic de valencia como poco.
así que me planteé empezar con un blog para dignificar nuestra profesión. un oficio, parafraseando a esepedazodemaestrollamadojoaquínsabina, tan insufrible como insustituible (con los años, lo cierto es que de lo primero poco, de lo segundo todo). también tenía la motivación de retomar la afición de juntar letras, ya que la tenía un poco apartada de mi vida. es lo que tiene haberlo dado todo, que después o bien no queda nada, o bien todo lo que escribo me sabe a lo mismo de siempre, y para eso ya tenemos a ridley scott (ups, ya se me ha colado un nombre. besis rid, que este comentario te tiene que sentar igual que un picotazo de mosquito a un rinoceronte, si es que alguna vez te llega, y si te llega, soy ese bichejo que se maneja en los patios de luces de esos almibarados constructos llamados sociedad).
en fin, que se me va. cómo no. a lo que iba, nuestra profesión, la dignidad, y blabla. y todo iba bien, tenía ganas de comunicar y de expresarme, de puta madre, además, no tenía que hablar de mis tres pasiones secretas, como son el fútbol, el corazón y la política, tres patas de un taburete llamado medios de entretenimiento, digo, comunicación. las sitcoms utilizan las risas enlatadas para decirme cuándo reír, y los medios utilizan el apocalipsis para que me enganche a sus supuestas importancias (me imagino al director de informativos gritando al banquillo: pablocasado!!! sal a calentar que estás a punto de salir a jugar!!! independentismo!!! sigue estirando pero a menos nivel, que a la mínima la muchedumbre se nos aburre y nos tienes que romper españa como solo tú sabes!!! okupas!!! de momento lo hacéis bien, pero no seáis más protagonistas que rociíto!!! kiko rivera, que no te toca!!! joder lo que le gusta chupar, pásala copón!!!
pero como todo lo del párrafo anterior no podía ser utilizado durante el periodo de confinamiento y ya habíamos aplaudido lo suficiente y hasta por barrios al personal sanitario (en la calle donde vivía eran más del diccionario en sus vítores y alabanzas):
sin embargo en el barrio de un amigo eran más del himno de riego, ya ves.
el caso es que creí ver un apaleamiento severo tras el confinamiento, y la verdad es que estaba completamente equivocado (qué humilde soy al admitir mi error. sí, lo sé, soy así de perfecto).
han pasado los meses y de momento solo he acertado con el personal sanitario. están cada vez más puteados, no tienen tiempo ni para respirar, y a pesar de que tienen fondo de armario para tres o cuatro vidas por persona, todavía quedan unos cuántos trajes por hacerles.
así que, ¿qué sentido tiene seguir escribiendo? hemos vuelto al anonimato, y además, con el icetazo (os recuerdo que va de darle plaza fija al funcionariado que esté más de cinco años trabajando en el mismo lugar, impuesto por la ue) no afecta al 75% del personal interino, es decir, a sanidad y enseñanza (¿por qué será?). pero eso no interesa a los medios.
se avecina otra reforma educativa y todavía no he visto ningún programa donde se trate la complejidad de la enseñanza y aprendizaje durante el periodo no universitario en profundidad y con voces autorizadas por la experiencia y el conocimiento, aportando visiones constructivas de cada punto de vista. no el cuñadismo ilustrado habitual, que lo mismo te comentan un nudo marinero como te opinan sobre la masturbación del mono macho de la península del indostán desde una perspectiva tertulianohumanista.
el año que viene aterriza de facto la enésima reforma y, será porque o bien nos gobierna la derecha o bien lo hace el partido popular, no veo empoderamiento del pueblo después de tanta ley educativa. me estaré haciendo mayor, o, como dirían los rodríguez, me habré convertido en un bohemio sin fe. qué sé yo.
el caso es que en este primer texto las veces que habré repetido la locución «el caso es que», y además, ¿qué sentido tiene hablar de dignidad si por cada vuelta que se da descubro que no estamos ante una tuerca sino ante un tornillo sin fin? después de todo, y si nos ceñimos estrictamente a los datos, la escolarización en la revolución industrial obedecía a criterios instruccionales que radicaban en enseñar a la muchachada a comportarse en una línea de montaje: levantar el brazo para ir al servicio, cambiar de puesto cuando tocara el timbre, ser ordenados y disciplinados, y poco más. el caso es que con la desindustrialización que sufre nuestro sacrosanto imperio de reinos de taifas llamado españa, desde que cascara paquito el abuelo, ¿qué sentido tiene otorgar al pueblo la capacidad de pensar y esforzarse? ¿para qué? si para eso ya estarán los hijos de los que viven en los áticos de este almibarado constructo llamado sociedad.
adoro mi profesión, no es un secreto, y vivo mejor que quiero. y como ya se han olvidado de nosotros, el mundo vuelve a girar en torno a las mismas migajas. que siga así.
Imagen de Jeyaratnam Caniceus en Pixabay

